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Mostrando entradas de enero, 2010

Cuentos breves de Daniil Kharms

Cuaderno azul número 2


Había un hombre pelirrojo que no tenía ojos ni orejas. Ni siquiera tenía cabello, así es de que eso de que era pelirrojo es un decir.
No podía hablar porque no tenía boca. Tampoco tenía nariz.
Ni siquiera tenía brazos ni piernas. Tampoco tenía estómago ni espalda ni espina dorsal ni intestinos de ningún tipo. De hecho, no tenía nada. De modo que es muy difícil entender de quién estamos hablando.
Tal vez sea mejor ya no hablar nada más de él.

Sinfonía número 2


Anton Mikhilovich escupió y dijo: “¡hugh!”, otra vez escupió y dijo: “¡hugh!”; volvió a escupir y otra vez dijo: “¡hugh!”; y luego desapareció. ¡Al diablo con él! En lugar de él déjenme hablarles de Ilya Pavlovich.
Ilya Pavlovich nació en 1893 en Constantinopla. Cuando apenas era un niño su familia se mudó a San Petersburgo, donde se graduó en la Escuela Alemana ubicada en la calle Kirchnaya. Luego trabajó en una tienda y después en alguna otra cosa. Cuando empezó la Revolución él emigró. Bueno, ¡al diablo con él!…

"Ante varias esfinges", de Gabriel Zaid, sobre Jorge Ibargüengoitia

Jorge Ibargüengoitia siempre estuvo en el Establishment literario, y siempre estuvo incómodo. Su visión de la vida, su estilo antisolemne, su tino para desfondar falsedades, gustaban como algo divertido y hasta genial, siempre y cuando fueran vistos como literatura menor. Pero el genio de Ibargüengoitia no estaba en lo menor, sino en su visión del enigma último: la ridiculez de existir. Los personajes que tanto nos aburren y no parecen dar ni para una sátira, son cuestionados por Ibargüengoitia como un enigmas: como esfinges ajenas a su propio misterio. La celebrada frase de Alejandro Palma ("Si Kafka fuera mexicano, sería un escritor costumbrista") y la insistencia de Milan Kundera en que no sabemos leer a Kafka como humorista, ayudan a entender lo que pasó con Ibargüengoitia. El humor negro de Kafka es invisible para los que buscan cuestionamiento existencial. El cuestionamiento de Ibargüengoitia es invisible para los que buscan costumbrismo chistoso. Los chistes son tan …

"Jorge Ibargüengoitia (1928-1985) un llamado al estudio de la ironía", por Adolfo Díaz Ávila

"No podemos explicar con madurez el lenguaje
hasta que no nos sintamos… a gusto con la ironía"
Kennet Burke Parece justificarse una reflexión sobre el tema si se está convencido del papel de la cultura a través de la literatura, del arte y del pensar reflexivo en la conformación de los modos de ser de cada sociedad y época. Se trata de una invitación a ensayar ejercicios de racionalidad instalada sobre los rieles del decurso histórico.La obra de este autor, mediante el vehículo expresivo del humor, cala más hondamente en los problemas y situaciones humanas, ayuda a experimentar el sufrimiento y dolor que conllevan; en último término, a pensar desde "un sentir originario" como fuera el anhelo de María Zambrano.Conforme avanzaba, Ibargüengoitia iba conquistando una conciencia más lúcida que le impulsaba a nuevos cuestionamientos y le exigía poner en tela de juicio más y más "verdades" establecidas. Por ello, es de lamentar que la brevedad de vida no le haya d…

Los antiguos mexicanos através de sus ruinas y sus vestigios

Se iniciaba el año 2910, la Sociedad Mundial de Geografía e Historia, con sede en Calcuta, dedicó el año a México, país del cual se había perdido la pista histórica hacía unos cinco siglos.La Fundación Gandhi aportó los fondos necesarios para la expedición científica que buscaría entre los paralelos 16 y 32 de América del Norte algo más que los vestigios diseminados en los museos de El Cairo, Pekín, Budapest y Praga. En el Instituto Mundial de Cine ubicado en Budapest se guardaban fragmentos de tres películas mexicanas que daban alguna idea del México de hacía mil años: "Vámonos con Pancho Villa" de Fernando de Fuentes, cinta que aludía a una guerra civil denominada, no se sabe por quién ni por qué, "Revolución mexicana"; una película casi completa de Juan Orol: "Charros contra gángsters", pintura fiel —se suponía— del acontecer urbano de aquella macrópolis que fue la ciudad de México, y "Las ficheras", de director desconocido, considerada no co…

Las gorgonas o del vanguardismo en el arte, de René Avilés Fabila

Lo caprichoso, lo arbitrario y, en consecuencia, estéril, es resisitirse a este nuevo estilo y obstinarse en la reclusión dentro de formas ya
arcaicas, exhaustas y periclitadas. En arte, como en moral, no depende el deber
de nuestro arbitrio; hay que aceptar el imeprativo de trabajo que la época nos
impone. J. Ortega y Gasset, La deshumanización del arte


El escultor norteamericano Peter Stone pasó buena parte de su vida meditando sobre la manera de hacerse millonario y célebre. Tales meditaciones lo condujeron a la siguiente solución: crear una nueva escultórica; una escuela de avanzada que fuera más lejos de lo ya hecho. Hombre talentoso y culto, analizó con cuidado la historia de la escultura. Al concluir, desechó todo principio y ni siquiera quiso derivar de ciertas combianciones su estilo futuro. Releyendo en un momento de tranquilidad libros de mitología, halló los párrafos que narran cómo quienes veían a las gorgonas, en el acto quedaban convertidos en piedra unánime. ¡He ahí la…

Hombre solo, de Jesús Gardea

En las calles pequeños remolinos de polvo se persiguen. Son las doce del día y desde temprano ha estado soplando, flojo, el viento. Las sombras están de pies junto a las paredes, deslumbradas y mordidas por la resolana. Los tres árboles que hay en la calle soportan mal el furor de agosto. El calor casi los hace arder. Sus ramas rechinan como viejas puertas. Juan Zamudio, como vino al mundo, ve y oye todo esto. Ya se sabe de memoria el verano. Sesenta años de conocerlo no son pocos. A lo único que Zamudio no puede acostumbrarse es a la impertinencia de las moscas. Y a alguna otra cosa, de por dentro, y que no sabe bien a bien de qué se trata. Zamudio se defiende de las moscas matándolas con un periódico hecho rollo. Pero de lo otro no atina a defenderse. No atina sino a sufrirlo. Juan Zamudio dejó abierta la puerta de atrás de su casa, así como la del frente, situándose en el camino del aire, con la esperanza de refrescarse. Que ésa es mera ilusión suya, lo atestiguan los charquitos de…