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Mostrando entradas de febrero, 2010

Un hombre original, de Leonid Andreyev

Un corto silencio entre los comensales, y en medio del murmullo de las conversaciones, alrededor de las mesas lejanas y del ruido ahogado de los pasos de los criados, que traían y llevaban los platos, alguien declaró con voz dulce y tranquila:
-¡A mí me encantan las negras!
Antón Ivanich, el subjefe de la oficina, por poco deja caer la copa de vodka que se llevaba a los labios; un criado dirigió al que había pronunciado tales palabras una mirada de asombro; todos volvieron la cabeza para ver quién había dicho aquella cosa extraña. Y todo el mundo vio la carita con bigotito rojo, los ojillos opacos y la cabecita cuidadosamente peinada de Semen Vasilevich Kotelnikov.
Durante cinco años habían trabajado con él en la oficina, todos los días le daban la mano al llegar y al marcharse, todos los días le hablaban, todos los meses después de cobrar, comían con él, como aquel día, en un restaurante, y, no obstante, se les antojaba que aquel día lo veían por primera vez. Lo vieron y se llenaron de …

Espejos (fragmentos), de Eduardo Galeano

De deseo somos

La vida, sin nombre, sin memoria, estaba sola. Tenía manos, pero no tenía a quien tocar. Tenía boca, pero no tenía con quien hablar. La vida era una, y siendo una era ninguna. Entonces el deseo disparo su arco. Y la flecha del deseo partió la vida al medio, y la vida fue dos. Los dos se encontraron y se rieron. Les daba risa verse, y tocarse también. . Cavernas . Las estalacticas cuelgan del techo. Las estalagmitas crecen del suelo. Todas son frágiles cristales, nacidos de la traspiración de la roca, en lo hondo de las cavernas que el agua y el tiempo han excavado en las montañas. Las estalactitas y las estalagmitas llevan años buscándose en la oscuridad, gota tras gota, unas bajando, otras subiendo. Algunas demorarán un millón de años en tocarse. Apuro, no tienen. . Breve historia de la civilización . Y nos cansamos de andar vagando por los bosques y las orillas de los ríos. Y nos fuimos quedando. Inventamos las aldeas y la vida en comunidad, convertimos el hueso en aguja y la púa e…

La conciencia de las palabras, de Susan Sontag

A nosotros los escritores nos inquietan las palabras. Las palabras significan. Las palabras apuntan. Son flechas. Flechas clavadas en la piel áspera de la realidad. Y cuanto más solemnes, más generales son las palabras, más se parecen a salones o a túneles. Pueden ampliarse, o hundirse. Pueden llegar a saturarse de mal olor. A menudo nos recordaran otros salones, donde nos gustaría morar o donde creemos ya estar viviendo. acaso hayamos perdido el arte o la sabiduría de cómo habitar esos espacios. Y a la postre esos espacios de intención mental que ya no sabemos cómo habitar serán abandonados, tapiados, clausurados. ¿Qué queremos decir, por ejemplo, con la palabra "paz"? ¿Queremos decir ausencia de conflicto? ¿Queremos decir un olvido? ¿Queremos decir perdón? ¿O queremos decir un profundo hastío, un agotamiento, un vaciamiento del rencor? Me parece que la mayoría de las personas quieren decir "victoria" con paz. La victoria de su bando. Eso es lo que "paz"…

Pequeños cuentos de gran maestro (fragmento), de Jaroslav Hasek

Los golpes de vergajo no se deben frotar, sino que hay que poner sobre ellos compresas de agua fría. Por lo que respecta a las descalabraduras, éstas se remiendan en cualquier clínica quirúrgica, porque es sabido que con la proliferación de los partidos políticos se desarrolló también la traumatología. Cuando a usted, como orador, le escupa alguien en los ojos, no se limpie el gargajo con la manga ni con el pañuelo, pues ello podría acarrearle una conjuntivitis. Lo que más ayuda en esos casos es agua tibia. Si un adversario político le saca a usted un diente, no se desespere. Los rivales políticos le sacaron a Santa Catalina todos los dientes y ella se convirtió en santa. Sin embargo, en vista de que actualmente la iglesia no se interesa por mártires de su calibre, no le quedará otro remedio que ir a consultar a un sacamuelas para que en el hueco le coloque otro diente postizo. Si su auditorio en el transcurso de un mitin popular le arrancara una oreja, recójala y no pretenda terminar…