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Mostrando entradas de marzo, 2011

La novela y Europa, de Milan Kundera

No creo que se deba a la casualidad, sino a una larga tradición, el que el premio más importante que concede Israel esté destinado a la literatura internacional. En efecto, son las grandes personalidades judías quienes, alejadas de su tierra de origen, formadas al margen de las pasiones nacionalistas, han demostrado desde siempre una sensibilidad excepcional por una Europa supranacional, una Europa concebida, no como territorio sino como cultura. Si los judíos, incluso después de la trágica decepción que les causó Europa, han permanecido fieles a ese cosmopolitismo europeo, Israel, su pequeña patria reencontrada, se muestra a mis ojos como el auténtico corazón de Europa, extraño corazón situado fuera del cuerpo. Con gran emoción recibo hoy este premio que lleva el nombre de Jerusalén y la huella de ese gran espíritu cosmopolita judío. Lo recibo como novelista, no como escritor. El novelista, según Flaubert, es aquel que quiere desaparecer tras su obra. Desaparecer tras su obra quiere …

El lago, de Ray Bradbury

Un cielo a mi medida arrojado sobre el lago Michigan; sobre la arena amarilla, algunos críos gritones botando pelotas; una o dos gaviotas, una madre criticona y yo huyendo de una ola y encontrando este mundo nublado y húmedo.Subí corriendo por la playa.Mamá me frotó con una esponjosa toalla.-Quédate aquí y sécate -dijo.Me quedé allí y observé cómo el sol evaporaba las gotas de agua de mis brazos. Las sustituí por carne de gallina.-Hace viento -dijo mamá-. Ponte el suéter.-Espera que vea mi carne de gallina -dije.-Harold -dijo mamá.Me embutí en el suéter y contemplé alzarse y caer las olas sobre la playa. Pero no desmañadamente, sino adrede, con una especie de verde elegancia. Ni siquiera un hombre borracho podría derrumbarse con la misma elegancia que aquellas olas.Eran los últimos días de septiembre, cuando las olas se vuelven tristes sin ninguna razón. Con sólo seis personas en ella, la playa aparecía demasiado larga y solitaria. Los críos habían dejado de botar la pelota Porque tam…