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Mostrando entradas de julio, 2012

Tres textos de Gibrán Jalil Gibrán

El mar inmenso
Mi alma y yo fuimos a bañarnos al inmenso mar. Y cuando llegamos a la playa, nos pusimos a buscar un sitio escondido y solitario. Y mientras caminábamos por la playa, vimos a un hombre sentado en una gran roca gris, que sacaba de un saco puñados de sal y los arrojaba al mar. Dijo mi alma al verlo: "Es un pesimista. Vámonos a otro sitio, aquí o podemos bañarnos, porque él no debe ver nuestra desnudez". Seguimos caminando hasta llegar a una cala; allí vimos sobre una roca a un hombre con una caja incrustada de joyas, de la que cogía azúcar a puñados para arrojarla al mar. Mi alma dijo: "Éste es el optimista; tampoco él debe ver nuestros cuerpos desnudos". Seguimos caminando, y vimos a u hombre, en otro lugar de la playa, recogiendo peces muertos y arrojándolos con ternura al mar. "Tampoco podemos bañarnos delante de este hombre", dijo mi alma, "porque es un filántropo de gran corazón". Y seguimos caminando Y llegamos a un lugar dond…

Vida social del dinosaurio (fragmento), de John Noble Wilford

Para Jack Horner y Bob Makela, el verano de 1978 fue muy parecido a los diez anteriores. Habían estado recogiendo huesos de dinosaurio desde sus días de estudiantes en la Universidad de Montana, en Missoula, "Tomábamos una bolsa de yeso y una caja de botellas de cerveza y nos marchábamos al campo", dijo Horner uno de esos días. La hacían para descansar, del mismo modo que otra personas emplean un día o dos pescando o dedicándose a cualquier otra afición. En paleontología el pasatiempo acaba convirtiéndose en profesión, y así le ocurrió a Horner. Su desdén por los cursillos científicos impidió que lograra una licenciatura académica, pero pese a ello Horner se dirigió al este para trabajar en la Universidad de Princeton, en su Museo de Historia Natural, como técnico en la preparación de fósiles para aquellos otros paleontólogos consagrados por un doctorado. Makela, por su parte, se quedó en Montana como profesor de ciencias en una escuela superior de la pequeña ciudad de Rudya…

El día en que casi mato a Borges, de Rodrigo Fresán

Uno
Borges se está muriendo todo el tiempo. Borges, muerto, se sigue muriendo. Borges empezó a morirse mucho antes de que Borges muriera. Borges se moría a través de sus personajes que siempre se murieron como quería morirse Borges. Rápido. Se me ocurre que, quién sabe, a la hora de la verdad, todo escritor -como un dios imperfecto y mortal- busca perfeccionarse en las muertes perfectas e inmortales de sus personajes. Así, un escritor se uere una vez y de una vez, mientras que los personajes de ese escritor pueden morirse tantas veces como lectores tengan, y siempre de maneras ligeramente diferentes, porque hay tantas muertes -y tantas vidas que conducen a esa muerte- como lectores tiene un personaje. Y los personajes de Borges viven muriéndose.

Dos


La muerte de Borges fue y sigue siendo una muerte definitivamente argentina. Es decir, fue a morirse en el extranjero. Y el extranjero, probablemente, sea el lugar más argentino de todos. Julio Cortázar, que había nacido en un lugar de la A…

Autodefensa intelectual, entrevista de David Barsamian a Noam Chomsky

CAMBRIDGE, MASSACHUSETTS (3 DE DICIEMBRE DE 2004)
Has dicho que gran parte del análisis que hacen los medios de comunicación es, simplemente, papeleo rutinario.
La verdad oculta es que una gran parte de la literatura procedente del mundo académico es puro papeleo rutinario. De hecho, en gran medida la ciencia viene a ser papelero detallado y rutinario. No estoy diciendo que sea fácil, porque uno tiene que saber lo que anda buscando y todo eso, pero no se puede decir que represente un desafío intelectual de primera magnitud. Hay aspectos en toda investigación que sí suponen retos intelectuales serios, pero por lo general no es así en el caso de los aspectos que tienen que ver con los asuntos humanos. En este ámbito hay que tener sentido común y ser crítico con uno mismo, pero cualquiera puede hacer ese trabajo, si quiere. Por ejemplo, esta mañana en el coche iba oyendo la BBC, el único programa, prácticamente que soporto de la radio. La locutora del parte informativo mencionó un atenta…

Prueba de inteligencia, de Guadalupe Dueñas

Como me dijeron que en ese Banco intentan cambiar las competentes por las bien trajeadas hoy salí a buscar empleo. Me arreglé como para una fiesta, con el sombrero de las bodas y la capa de piel que me prestó Josefina. El gerente, encantado con mi figura, me mandó al departamento donde miden la inteligencia. Asustada, esperé que me hicieran preguntas de contabilidad, pero de buenas a primeras me entregaron varios cartones que me recordaron la hora de geometría en mi escuela. Entraría la monja con un rombo lila, el romboide dorado, el hexágono azul y tantas figuras improcedentes como no las he vuelto a ver en mi vida fuera de la circunferencia de la naranja. Pronto llegó un empleado y, sin ceremonias, me explicó por qué el derecho estaba al revés. Les di vuelta y encontré que los cartones presentaban manchas de tinta.
—Determine usted lo que ve en tres minutos.
Con toda mi lentitud miré el reloj  y pensé: "¡Ay Dios, tres minutos!" y perdí uno entero. Volví a la hoja y mi sorpres…

Jiu-roku-zakura, cuento fantástico japonés recopilado por Lafcadio Hearn

Uso no yona... Jiu-roku-zakura Saki ni keri!
En Wakégori, un distrito de la provincia de Iyo, se yergue un cerezo famoso y antiguo, llamado Jiu-roku-zakura, "el Cerezo del Día Decimosexto" porque todos los años florece el día decimosexto del primer mes (según el antiguo calendario lunar), y sólo ese día. De modo que la época de su florecimiento es durante el Gran Frío, pese a que el hábito natural de un cerezo consiste en aguardar hasta la primavera antes de aventurarse a florecer. Pero el Jiu-roku-zakura florece gracias a una vida que no es la propia, o que, al menos, no lo era originalmente. El espíritu de un hombre habita ese árbol.
Era un samurai de Iyo, y ese árbol crecía en su jardín y solía dar flores en la época habitual o sea, hacia fines de marzo y principios de abril. El samurai había jugado bajo ese árbol cuando niño; y sus padres y abuelos y ancestros habían colgado en esas ramas, estación tras estación,durante más de cien años, brillantes tiras de papel de colo…