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Mostrando entradas de 2013

Los sueños de un profeta, de Lord Dunsany

I
Cuando los dioses me arrastraron al sufrimiento, me acosaron con la sed y me derribaron con el hambre, oré a los dioses. Cuando los dioses asolaron las ciudades en las que yo vivía, y cuando me quemó Su ira y me abrasaron Sus ojos, alabé a los dioses y les ofrecí sacrificios. Pero cuando volví a mi tierra verdeante y la encontré agostada, y que habían desaparecido los lugares de misterio donde yo jugaba, y que los dioses habían suprimido hasta el polvo y la telaraña del último rincón de mis recuerdos, entonces maldije a los dioses; hablándoles a la cara les dije: —¡Dioses de mis plegarias! ¡Dioses de mis ofrendas! Aunque hayáis olvidado los sagrados rincones de mi niñez, y por tanto hayan dejado de existir, no los puedo olvidar yo. Por haber hecho eso, veréis fríos Vuestros altares, y no tendréis mis miedos ni mis alabanzas. No me harán parpadear Vuestros relámpagos, ni me amedrentará Vuestro paso junto a mí.  Luego, mirando hacia el mar, maldije a los dioses; y en ese instante llegó a…

Cuando el mundo aún llevaba un gorro de bufón, Cees Noteboom

—¿Y cómo llego hasta allí? —Si zarpas de esta bahía al rayar el alba y navegas rumbo a la luz del sol naciente, siguiendo la línea de la costa, perderás de vista, al poco, nuestro puerto. No te confundas: la montaña que ves al fondo de las colinas no viene hacia ti de verdad. No te alejes de la costa y déjate guiar por el viento que en esta época del año suele soplar desde el sur. En un momento dado llegarás a las rocas, que te parecerán un rebaño apiñado de bueyes. Una vez allí te diriges a... Con estas palabras debió presentarse el primer mapa.  El segundo fue dibujado en la arena o grabado en la roca. —No lo entiendo. —Te lo dibujo. Claro que esto no ocurrió de verdad, o tal vez sí. Una línea irregular trazada con un palo sobre la arena húmeda y palabras junto al dibujo, palabras que representaba acantilados, estrellas, arrecifes, fondeaderos, corrientes, que hablaban de lo que podía significar el comportamiento de los pájaros, de lo que el color del agua indicaba sobre la proximidad de …

El doble, de Alberto Moravia

Al cabo de un año que Ágata y yo llevamos haciendo el amor, advertí que poco a poco ella se iba poniendo fría y raleaba las citas. Fue como un fuego que se extingue: al principio uno no se da cuenta, después ve que todo es ceniza y tizones negros, y se hiela. Empezaron por ser cosas ligeras: medias palabras, silencios, miradas. Después, excusas: resfríos, compromisos, la madre que necesitaba su ayuda para los quehaceres domésticos, la escuela de dactilografía. Finalmente, falta de puntualidad y prisa: llegaba a las citas con una hora de atraso y se marchaba a los quince minutos. Entre tanto me hablaba en tono impaciente, como si lo que yo decía estuviera siempre de más; algunas veces hasta me pareció que se retraía al contacto de mis manos o de mis labios. Ahora, yo sufría, y me daba cuenta de que me trataba malísimo; pero seguía muy enamorado de ella, al punto de que el placer que experimentaba al principio oyéndola decir: "te quiero mucho", acabé por experimentarlo con sól…

Tratado de los excitantes modernos (fragmento), de Honoré de Balzac

I    La cuestión planteada
La absorción de cinco sustancias, descubiertas hace más o menos dos siglos, e introducidas en la economía humana, ha alcanzado desde hace unos años tales dimensiones que las sociedades modernas pueden verse transformadas de forma considerable. Las cinco sustancias son:
1.° El aguardiente o el alcohol, base de todos los licores, cuya aparición se remonta a los últimos años del reinado de Luis XIV, y que se inventaron para atemperar el frío de su vejez. 2.° El azúcar. Esta sustancia sólo ha invadido la alimentación popular recientemente, en el momento en que la industria francesa fue capaz de fabricarla en grandes cantidades y de llevarla a su antiguo precio, que seguramente bajará aún más, a pesar del fisco, que está al acecho para gravarla con impuestos. 3.° El té, conocido desde hace unos cincuenta años. 4.° El café. Aunque los árabes lo descubrieron en la antigüedad, en Europa este excitante no se usó demasiado hasta mediados del siglo XVIII. 5.° El tabaco, cuyo …

La estratagema, de Philip K. Dick

El ruido despertó a O'Keefe al instante. Apartó la colcha. Saltó de la cama, cogió el fusil de la pared y rompió con el pie la caja de la alarma. Ondas de alta frecuencia pusieron en funcionamiento timbres de alarma por todo el campamento. Cuando O'Keefe salió como una exhalación de su casa, ya se veían luces por todas partes.  —¿Dónde? —preguntó Fisher con voz aguda. Se materializó al lado de O'Keefe, todavía en pijama, medio dormido.  —A la derecha. O'Keefe saltó a un lado cuando un enorme cañón surgió de los depósitos subterráneos. Aparecieron soldados entre las siluetas que la noche hacia imprecisas. A la derecha se extendía el pantano negro de brumas y espeso follaje, helechos y cebollas bulbosas, hundidos en la sustancia semilíquida que constituía la superficie de Betelgeuse II. Fosforescencias nocturnas bailaban y hacían cabriolas sobre el pantano, siniestras luces amarillas que parpadeaban en la densa oscuridad.  —Supongo que se han aproximado a la carretera —dijo H…