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Mostrando entradas de marzo, 2013

Estampa berlinesa, de Víctor Barrera Enderle

Fiódor Mijáilovich Dostoievski estuvo un solo día en Berlín, al menos así lo apunta en su extraordinario libro de viajes: Notas de invierno sobre impresiones de verano. Tras un penoso viaje en tren, nuestro autor deja su país por vez primera y viaja a Occidente, a esa Europa que los no europeos soñamos con frecuencia e idealizamos irremediablemente. Durante dos meses recorrería Europa y escribiría sus impresiones para la revista El tiempo. La capital de la futura República Alemana es su primera escala. Yo estoy en Berlín y mientras camino por Unter den Linden, confronto rápidamente mis impresiones de la ciudad con las suyas. Dostoievski es rudo. La primera impresión es la decepción: Berlín le recuerda a San Petersburgo. Nada asombroso puede depararle u lugar así, piensa mientras apura su salida a Dresden. Para mí, Berlín es una ciudad única: lo mejor y lo peor del siglo XX pasó por aquí. No es una ciudad transparente, hay huellas por todas partes. Los berlineses son sabio y cultivan …

Minificción mexicana (selección), de Lauro Zavala

El componedor de cuentos
Los que echaban a perder un cuento bueno o escribían uno malo lo enviaban  al componedor de cuentos. éste era un viejecito calvo, de ojos vivos, que usaba unos anteojos pasados de moda, montados casi en la punta de la nariz, y estaba detrás de un mostrador bajito, lleno de polvosos libros de cuentos de todas las edades y de todos los países. Su tienda tenía una sola puerta  hacia la calle y él estaba siempre muy ocupado. De sus grandes libros sacaba inagotablemente palabras bellas y aun frases enteras, o bien cabos de aventuras o hechos prodigiosos que anotaban en un papel blanco y luego, con paciencia y cuidado, iba engarzando esos materiales en el cuento roto. Cuando terminaba la compostura se leía el cuento tan bien que parecía otro. De esto vivía el viejecito y tenía para mantener a su mujer, a diez hijos ociosos, a un perro irlandés y a dos gatos negros. 
Mariano Silva y Aceves
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Epitafio
Extranjero, yo no tuve un nombre glorioso. Mis abuelos no combati…

Greguerías (selección), de Ramón Gómez de la Serna

¡Qué extraña es la vida! Siempre queda pincel para la goma, pero ya no hay goma. 

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Templar bien el agua del baño es como preparar un buen té. 
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"Ídem", buen nombre para un plagiario.
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El tren parece el buscapiés del paisaje.
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No se sabrá nunca si la cresta del gallo quiere ser corona o gorro frigio.
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La luna de los rascacielos no es la misma que la de los horizontes.
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La linterna del acomodador nos deja una mancha de luz en el traje.
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Las espigas hacen cosquillas al viento.
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Pingüino es una palabra atacada por las moscas. 
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Los perros nos enseñan la lengua como si nos hubiesen tomado por el doctor. 
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Los académicos debieran tener derecho a usar en las sesiones gorros de dormir. 
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El cocodrilo es una maleta que viaja por su cuenta.
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El orador es un instrumento de viento que toca solo.
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Los perros buscan afanosamente al dueño que tuvieron en otra encarnación.
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El demonio no es más que el mono más listo de los monos. 
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La luna es un Banco de metáforas arruinado.