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Mostrando entradas de abril, 2013

Un poeta lírico, de José María Eça de Queirós

Aquí está, simplemente, sin frases y sin ornatos, la historia triste del poeta Korricosso. De todos los poetas líricos de que tengo noticias, éste es, ciertamente, el más infeliz. Lo conocí en Londres, en un hotel de Charing Cross, una madrugada helada de diciembre. yo había llegado del continente, postrado por dos horas de canal de la Mancha... ¡Ah, qué mar! Y era sólo una brisa fresca del Noroeste: pero allí, en la cubierta, bajo una capa de tela impermeable con la que un marinero me había cubierto, como se cubre un cuerpo muerto, fustigado por la nieve y la ola, oprimido por aquella niebla tumultuosa que el paquebote iba rompiendo a ronquidos y empellones, me aparecía un tifón de los mares de la China... Apenas entré en el hotel, helado y atolondrado, corrí a la vasta chimenea del peristilo y allí me quedé, saturándome de aquella paz caliente en la que la sala estaba adormilada, con los ojos beatamente puestos en la buena brasa escarlata... Y fue entonces cuando vi aquella figura …

El paraíso de los ladrones, de Gilbert Keith Chesterton

El gran Muscari, el más original de los jóvenes poetas toscanos, entró rápidamente en su restaurante favorito, que daba al Mediterráneo y estaba cubierto por un toldo y cercado por pequeños naranjos y limoneros. Unos camareros con mandiles blancos disponían sobre las mesas blancas los artículos característicos de un almuerzo temprano y elegante y eso parecía aumentar una satisfacción que casi rayaba en la arrogancia. Muscari tenía una nariz aguileña como la de Dante; el pelo y el pañuelo eran oscuros y ondulados, vestía una capa negra y casi podría haber llevado una máscara negra, hasta tal punto parecías sacado de un melodrama veneciano.  Se comportaba como si los trovadores siguiesen teniendo una función social definida, como un obispo. Llevaba las cosas todo lo lejos que su siglo se lo permitía y recorría el mundo literalmente como Din Juan, con un estoque y una guitarra.  De hecho nunca viajaba sin un estuche con dos espadas, con las que se había batido brillantemente en duelo mu…