Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando entradas de 2014

Una carta muy íntima, de Lazlo Moussong

Un impulso de acercarme a mis lectores me mueve a dar a conocer un documento que atañe a mi vida íntima: es una carta que escribí a mi más reciente novia, con la que le planteo el rompimiento de nuestras relaciones. Mi deseo de hacer público algo tan personal obedece a la esperanza de que me sirva para eso que llaman catarsis de modo que, al darlo a la luz pública, yo pueda superar el trauma. Sucede que durante el sexenio pasado, tan lleno de proyectos, planes, programas, sistemas, implementaciones, instrumentaciones, etcétera, ocupé bastante de mi tiempo en redactar y corregir documentos elaborados por los abundantes tecnólogos que enfocaron realidades e irrealidades v del país a través de brillantes metodologías administrativas que acabaron convirtiéndose en poco menos que moneda mexicana. Ese trabajo, inevitablemente, me influyó y afectó hasta lo más hondo de mi ser y de mi lenguaje; éste es mi trauma y el resultado consta en esta carta personal que dice así:

Amada Concepción Encarn…

El poeta en el Tercer Reich, de Joseph Roth

I
Hace algún tiempo el escritor Klaus Mann escribió una carta amarga y llena de reproches al escritor y neurólogo Gottfried Benn, que se ha quedado en el Tercer Reich y ha sido nombrado (de manera temporal) director de la Academia Prusiana de las Letras. Que no comprende -es lo que el señor Klaus Mann viene a decir al señor Benn con todo respeto- cómo un escritor de prestigio puede ponerse al servicio del Tercer Reich, por qué un hombre como Benn defrauda a sus partidarios que andan ahora por París, Londres o Praga y que a la desesperación que les embarga con respecto a su patria tendrían que añadir la que ahora deben sentir con respecto a su querido autor. Él, el autor de la carta, como "racionalista" que es, estuvo siempre en contra de la concepción "irracional" del mundo por parte del respetado escritor, pues parece que por desgracia la propensión a lo "irracional" conduce necesariamente a la "reacción": no obstante, sería imposible que exis…

Cerrando la brecha, de Slavoj Zizek

En el thriller futurista de Andrew Nicol titulado Gattaca, Ethan Hawke y Uma Thurman dan prueba de su amor haciéndose de sendos mechones de pelo que se habían entregado uno a otro. En esa sociedad futura, las parejas intercambian muestras de cabello, de forma que pueden establecerse, mediante análisis científico, las cualidades genéticas de un potencial compañero. El acceso a una sociedad privilegiada o élite se determina "objetivamente", por medio del análisis genético del recién nacido.  A mi juicio, Gattaca se limita a extrapolar las expectativas, ya vislumbrables en la actualidad, de legitimar la autoridad y el poder social es en función del código genético. Al eliminar las formas artificiales de desigualdad, fundadas en la tradición y en la cultura, parecemos dispuestos a dar paso a un nuevo orden jerárquico basado en el diseño genético de los individuos.  ¿Pero puede existir algún modo de escapar a este destino? ¿Podemos tomar medidas para que en el futuro la gente se…

Los asesinos, de Charles Bukowski

Harry acababa de abandonar la carga de camiones, se había largado porque no podía aguantar más, y ahora iba bajando por la calle Alameda hacia el bar Pedro's para tomarse una taza de café de a níquel. Era de madrugada pero él recordaba que solían abrirlo a las cinco de la mañana. Te podías sentar en Pedro's un par de horas por un níquel. Podías pensar un rato. Podías hacer memoria de las cosas que habías hecho mal, o las que habías hecho bien. Estaba abierto. La chica mexicana que le sirvió el café le miró como si fuera un ser humano. Los pobres sabían de la vida. Una buena chica. Bueno, una chica bastante agradable. Todas ellas sig­nificaban problemas. Cualquier cosa significaba problemas. Recordaba una frase que había oído en alguna parte: La Definición de la Vida es Problemas. Harry se sentó en una de las desvencijadas mesas. El café era bueno. Treinta y ocho años y estaba acabado. Miró fijamente el café y recordó las cosas que había hecho mal —o bien—. Simplemente se había c…

El síncope blanco, de Horacio Quiroga

Yo estaba dispuesto a cualquier cosa; pero no a que me dieran cloroformo. Soy de una familia en la que las enfermedades del corazón se han sucedido de padres a hijos con lúgubre persistencia. Algunos han escapado -cuentan en mi familia- y según el cirujano que debía operarme, yo gozaba de ese privilegio. Lo cierto es que él y sus colegas me examinaron a conciencia, siendo su opinión unánime que mi corazón podía darse por bueno a carta cabal, tan bueno como mi hígado y mis riñones. No quedaba en consecuencia sino dejarme aplicar la careta, y confiar mis sagradas entrañas al bisturí. Me di, pues, por vencido, y una tarde de otoño me hallé acostado con la nariz y los labios llenos de vaselina, aspirando ansiosamente cloroformo, como si el aire me faltara. Y es que realmente no había aire, y sí cloroformo que entraba a chorros de insoportable dulzura: chorros de dulce por la nariz, por la boca, por los oídos. La saliva, los pulmones, las extremidades de los dedos, todo era náuseas y dulce a…