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Mostrando entradas de febrero, 2014

Informe para una academia, de Franz Kafka

Excelentísimos señores académicos: Me hacéis el honor de pedirme que presente a la Academia un informe sobre mi simiesca vida anterior. En ese sentido no puedo desgraciadamente complaceros, pues cerca de cinco años me separan ya de la simiedad. Ese lapso, corto quizá si se lo mide por el calendario, es interminablemente largo cuando, como yo, se ha galopado a través de él, acompañado a trechos por gente importante, consejos, aplausos y música orquestal; pero en realidad solo, pues todo ese acompañamiento estaba-para conservar la imagen- del otro lado de la barrera. De haberme aferrado obstinadamente a mis orígenes, a mis recuerdos de juventud, me hubiera sido imposible cumplir lo que he cumplido. La disciplina suprema que me impuse consistió justamente en negarme a mi mismo toda obstinación. Yo, mono libre, acepté ese yugo; pero por eso mismo los recuerdos se me fueron borrando cada vez más. Si bien, de haberlo querido los hombres, yo hubiera podido retornar libremente, al comienzo, …

Yzur, de Leopoldo Lugones

Compré el mono en el remate de un circo que había quebrado.
La primera vez que se me ocurrió tentar la experiencia a cuyo relato están dedicadas estas líneas, fue una tarde, leyendo no sé dónde, que los naturales de Java atribuían la falta de lenguaje articulado en los monos a la abstención, no a la incapacidad. "No hablan, decían, para que no los hagan trabajar". Semejante idea, nada profunda al principio, acabó por preocuparme hasta convertirse en este postulado antropológico: Los monos fueron hombres que por una u otra razón dejaron de hablar. El hecho produjo la atrofia de sus órganos de fonación y de los centros cerebrales del lenguaje; debilitó casi hasta suprimirla la relación entre unos y otros, fijando el idioma de la especie en el grito inarticulado, y el humano primitivo descendió a ser animal. Claro es que si llegara a demostrarse esto quedarían explicadas desde luego todas las anomalías que hacen del mono un ser tan singular; pero esto no tendría sino una demostraci…

Carta a un fénix, de Fredric Brown

Hay mucho que contarles, tanto que es difícil saber por dónde empezar. Afortunadamente, he olvidado la mayor parte de las cosas que me han sucedido. Afortunadamente, la mente tiene una capacidad limitada para recordar. Sería horrible si recordara los detalles de ciento ochenta mil años, los detalles de las cuatro mil vidas enteras que he vivido desde la primera guerra atómica. Sin embargo no he olvidado los momentos realmente importantes. Recuerdo que formé parte de la primera expedición que aterrizó en Marte y de la tercera que aterrizó en Venus. Recuerdo - creo que fue durante la tercera gran guerra - la explosión de Skora en el cielo debida a una fuerza tan superior a la fisión nuclear como una nova a nuestro sol moribundo. Yo era el segundo al mando en una astronave Clase Hiper-A durante la guerra contra los segundos invasores extragalácticos, los que establecieron bases en las lunas de Júpiter sin que nosotros advirtiéramos su presencia y casi nos expulsaron del sistema solar ante…