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Mostrando entradas de julio, 2014

Los asesinos, de Charles Bukowski

Harry acababa de abandonar la carga de camiones, se había largado porque no podía aguantar más, y ahora iba bajando por la calle Alameda hacia el bar Pedro's para tomarse una taza de café de a níquel. Era de madrugada pero él recordaba que solían abrirlo a las cinco de la mañana. Te podías sentar en Pedro's un par de horas por un níquel. Podías pensar un rato. Podías hacer memoria de las cosas que habías hecho mal, o las que habías hecho bien. Estaba abierto. La chica mexicana que le sirvió el café le miró como si fuera un ser humano. Los pobres sabían de la vida. Una buena chica. Bueno, una chica bastante agradable. Todas ellas sig­nificaban problemas. Cualquier cosa significaba problemas. Recordaba una frase que había oído en alguna parte: La Definición de la Vida es Problemas. Harry se sentó en una de las desvencijadas mesas. El café era bueno. Treinta y ocho años y estaba acabado. Miró fijamente el café y recordó las cosas que había hecho mal —o bien—. Simplemente se había c…

El síncope blanco, de Horacio Quiroga

Yo estaba dispuesto a cualquier cosa; pero no a que me dieran cloroformo. Soy de una familia en la que las enfermedades del corazón se han sucedido de padres a hijos con lúgubre persistencia. Algunos han escapado -cuentan en mi familia- y según el cirujano que debía operarme, yo gozaba de ese privilegio. Lo cierto es que él y sus colegas me examinaron a conciencia, siendo su opinión unánime que mi corazón podía darse por bueno a carta cabal, tan bueno como mi hígado y mis riñones. No quedaba en consecuencia sino dejarme aplicar la careta, y confiar mis sagradas entrañas al bisturí. Me di, pues, por vencido, y una tarde de otoño me hallé acostado con la nariz y los labios llenos de vaselina, aspirando ansiosamente cloroformo, como si el aire me faltara. Y es que realmente no había aire, y sí cloroformo que entraba a chorros de insoportable dulzura: chorros de dulce por la nariz, por la boca, por los oídos. La saliva, los pulmones, las extremidades de los dedos, todo era náuseas y dulce a…