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Mostrando entradas de 2015

Aforismos de Zürau (selección) de Franz Kafka, con prólogo de Roberto Calasso

Al margen 

Cada mañana, en la Bodleian Library de Oxford, en la sala 132 del edificio moderno, sobria, no disímil de un aula de colegio, estudiaba el manuscrito del Castillo. Me estaba acostumbrando a esos cuadernos escolares, sin rayas. El primero estaba cubierto, de un margen al otro de la página, con una escritura diminuta y angulosa, algunas veces a lápiz. Los otros dejaban en blanco la hoja a la izquierda, reservándola para correciones que, si embargo, aparecían muy de vez en cuando. Cada tanto estaban indicados en la hoja a la izquierda los títulos de los nuevos capítulos, mientras que en la hoja de la derecha, a la misma altura, el texto proseguía sin siquiera ir aparte, al tiempo que el final del capítulo estaba indicado solamente con un tipo de efe oblicua.  Un día pasé a la carpeta de los Aforismos de Zürau. El paisaje se presentaba totalmente diferente. Hojas sueltas -ciento tres- en formato rectangular, 14.5 x 11.5 cm, en papel muy delgado, color amarillo pálido, obtenida…

Conversaciones, de Ulises Granados

Conversaciones I

Me senté con mi maestro en un café a discutir sobre mi escritura, tratando de aclarar algunas dudas. —Supongamos que esto es una minificción, ¿debería dispararle ahora mismo? —le dije mientras sostenía una pistola contra su cara. —No debiste haber dudado, ahora ya no tendría la misma fuerza y tendrías que planear un argumento. Lo has complicado todo. —Ok, tiene razón. ¿Y qué hago ahora?, ¿le cuento una historia de amor en la que yo salga herido para que podamos reírnos juntos unos minutos, unos años? —pregunté, agitando los brazos exageradamente, como hacen los malos actores. —No, no, ya no hay tiempo para eso: el amor no es breve. —Mmm… ¿describo alguna epifanía?, ¿un cambio en mi estado de ánimo con su subsecuente alteración en el ambiente? —Pero si no has contado nada aún y nadie sabe dónde estamos, cómo es el clima, qué hora es. —¿Entonces?... ¿Un final sorpresivo? —Demasiado tarde. Salí del café sosteniendo el arma todavía cálida con las manos temblorosas. Desp…

El ladrón de Tommy o Dos mil palabras, de O. Henry

A las diez de la noche, Felicia, la doncella, salió por la puerta de servicio para tomar un refresco de frambuesa en el bar de la esquina, acompañada del policía. Felicia detestaba al representante de la autoridad y muy formalmente se opuso en principio a acompañarle. Dijo, y por cierto no sin lógica, que hubiese preferido quedar instalada en el tercer piso leyendo una novela de St. George Rathbone hasta dormirse, pero nada consiguió. Las frambuesas y los policías han sido creados para algo. El ladrón entró en la casa sin dificultad, porque... éste es un cuento de dos mil palabras, lo cual nos ciñe a pocas descripciones y mucha acción. Al llegar al comedor encendió su oscura linterna. Con un berbiquí y una barrena pequeña comenzó a hurgar en la cerradura del armario donde se guardaba la plata. De pronto se escuchó un ruidillo y la habitación se inundó de luz. Los cortinajes de terciopelo oscuro se abrieron para dar paso a un chiquillo rubio de ocho años de edad que vestía pijama rosa y l…

El gato hipócrita, narración del antiguo oriente

Tomado del Pantchakiana-vastika, comentario al libro delos cinco cuentos escritos en dialecto Gucharat. Es un cuento irónico contra los falsos ascetas. 
He conocido tu altísima ascética; los cabellos se me erizan. Del millar falta un ciento. ¡Gloria a ti, asceta bramánico! Una vez era una ciudad llamada Chipur, en la que reinaba el rey Sudarchan. En esta ciudad vivía un comerciante llamado Sahasradatt, que puso una tienda de manteca. Un día dejó abierto un pucherito de manteca. Para comerse la manteca, un gato metió a la fuerza su cabeza en el puchero, y luego no pudo sacarla. Estando el comerciante en el almacén, oyó ruido en la tienda, salió para ver lo que pasaba y se encontró con la cabeza del gato en el pucherito. Entonces el comerciante cogió al gato y quiso sacarlo, pero no lo consiguió. Movido de compasión, rompió el puchero. Pero el cuello de este quedó adherido al del gato. Cuando el comerciante se disponía a romper el cuello del puchero, desapareció el gato y echó a correr p…

Ya haber sido, de Claudio Magris

Para Luca Doninelli
Fue así como Jerry murió, calma, éste no es el problema, ni para él ni para nadie, ni siquiera para mí que lo he querido y que lo quiero, porque el amor no se conjuga, ¡Dios mío!, en se sentido sí, sin duda alguna, nada más eso nos faltaba, sin embargo, el amor no tiene su gramática y no sabe de tiempos, sino sólo de modos verbales, es más, sólo sabe de uno, del infinitivo simple, cuando se ama es para siempre y todo lo demás queda fuera. Cualquier amor, de cualquier tipo. No es verdaderamente que te sucede, nada te sucede, y precisamente eso a menudo es una gran desgracia, pero la llevas detrás contigo, como la vida, que no es que sea precisamente una suerte, sólo que el amor sobreviene todavía menos que la vida, está ahí, como la luz de las estrellas, a quién le importa si están vivas o muertas, resplandecen y con eso es más que suficiente, y aunque de día no las ves, sabes que están allí.  Así que ya no escucharemos más esa guitarra y calma también por esto, se …